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                     VI Ciclo de Conferencias Siglo XXI

                                      20/02/2012

Lara de Tucci

 En la inauguración del sexto Ciclo de Conferencias de nuestra Asociación (Siglo XXI), hemos tenido el pasado día 20 la ocasión de contar, como destacado ponente, al prestigioso director editorial de la Cadena COPE, José Luis Restán; cuya conferencia versó sobre la JMJ, con el sugerente tema de “Una siembra de futuro”. Sobra decir que su intervención tuvo un gran éxito, y eso, debido a su extraordinaria facilidad de palabra y al dominio que tiene del tema tratado. Dominio que fue adquiriendo desde que comenzara a estudiar en la adolescencia, con un seguimiento continuado hasta hoy -ya con más de 50 años de edad- de todo lo relacionado con la religiosidad y con el papel que la Iglesia, lógicamente, tiene por mandato divino en este terreno.

 No fuimos muchos los que acudimos a esta conferencia, incluso Felipe García Cuenca tuvo que presentarle disculpas al conferenciante por el escaso auditorio. Pero los que allí estuvimos, salimos más que satisfechos con las palabras de Restán; largamente ovacionado al final de las mismas por la claridad  y las oportunas connotaciones  con que planteó lo que él había experimentado en los felices días, en las sublimes jornadas, de la JMJ.

 Su principal punto de vista, como ya he dicho que rezaba el tema, estaba relacionado con la siembra de fe para el futuro que aquellos días había realizado el Papa con sus homilías; palabras de una profundidad catequética que no dejaron indiferentes a nadie, ni siquiera a los agnósticos. Pues hubo incluso intelectuales sin fe que, en los medios de comunicación de tales fechas, no pudieron  por menos que escribir y comentar que los actos presididos por Benedicto XVI les habían impactado, dado el desapego que las nuevas generaciones muestran por la religiosidad.

 Yo también opino que fue una siembra de fe para el futuro. Aunque no dejo de pensar que el germen de esa fe ya estaba en los corazones de aquella inmensa multitud de jóvenes, cerca de dos millones, que desde las zonas más remotas y alejadas de nuestra Patria y también desde las más próximas, acudieron a la llamada del Pontífice para estar con él, con el Vicario de Cristo en la tierra, en unas celebraciones en las que el mismo Jesucristo estaba presente por medio de las palabras evangélicas y de la Eucaristía. ¡Vaya un germen de fe el de todos aquellos jóvenes! ¡Vaya un ejemplo de comunión con la Iglesia que presentaron ante Benedicto XVI y ante el mundo entero!

 Y hay que comentar que tal mundo está sacudido por las crisis de valores y económicas; crisis presentes igualmente  bajo el cielo de Madrid, que, por otra parte, en aquellos días se constituyó en un remanso de paz y de esperanza que jamás hubiera sido posible hacer realidad  sin el seguimiento a Jesús por parte de todos los jóvenes peregrinos que vinieron, animados por la Iglesia que Él fundara. Y eso que los enemigos de la misma, que siempre los hubo, intentaron desde el centro de la capital amedrentar con malas artes y peores palabras a los que rezaban por conseguir un mundo mejor para todos, incluso para los que les insultaban y amenazaban. Al respecto, tengo que escribir aquí una reflexión de Robert Burton, quien dijo: “Allí donde Dios tiene un templo, el demonio suele levantar una capilla”.

 José Luis Restán hizo alusión a este fenómeno de fe compartida entre el Papa y dos millones de jóvenes, aludiendo al mismo fenómeno meteorológico que se desencadenó en la noche de Cuatro Vientos. Rayos, truenos, lluvia, relámpagos -una tormenta formidable, por emplear palabras del Apocalipsis de San Juan- no pudieron deslucir lo más mínimo el impresionante testimonio de adhesión a la Iglesia que en Cuatro Vientos se estaba viviendo. “Si ellos aguantan (dijo Benedicto XVI a alguien que le sugirió que se fuera a causa de la tormenta), yo también aguanto”. Momentos estelares del acontecimiento; que tuvieron el culmen de su apoteosis cuando surgió de una plataforma la artística custodia de Enrique de Arfe, la que encargara el cardenal Cisneros,  con la sagrada Hostia; que el Papa y todos los congregados adoraron de rodillas en impresionante silencio, como al símbolo que era de la calma en medio de la tormenta inquietante.

  No puedo terminar sin  hacer otra alusión a las palabras de José Luis Restán en lo referente a que la Iglesia, por mandato del Maestro, constantemente viene estando comprometida con la siembra de la fe pero también con la de la Cultura y el Saber. Ahí están -nos recordó el profesional de la COPE- las propias Universidades; cuyos orígenes son eclesiales y cuyos empeños le proporcionan al mundo un sinfín de beneficios. A ese mundo al que pertenecen de la misma manera los que en la Puerta del Sol  -seguro que también había estudiantes- procuraron cargarse los acontecimientos de la JMJ; tan propios para la pacificación de las humanas conciencias.