Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

Salidas Culturales

              Segunda excursión del nuevo curso 2.021-2.022 que nos llevó a visitar las comunidades autónomas de Castilla y León y Castilla la Mancha, para ver dos bonitos lugares como han sido Arenas de San Pedro en la provincia de Ávila y Talavera de la Reina en la provincia de Toledo, y que iniciamos visitando en primer lugar las preciosas Cuevas del Águila, que se sitúan muy cerca de Arenas, tan solo a nueve kilómetros, que nos reciben con una fría mañana, como corresponde a la altura del tiempo en que estamos. Las Cuevas tienen varios millones de años de antigüedad y están ubicadas en el interior del Cerro del Águila, siendo descubiertas de forma casual por varios jóvenes de la localidad a finales del año 1963, cuando estando jugando en los alrededores, apreciaron un agujero no muy grande en el terreno, que aumentaron a unos sesenta centímetros, introduciéndose en el mismo y agachados llegar hasta la Sala principal y aunque estuvieron en el interior varias horas perdidos, lograron encontrar otra vez el agujero de entrada y volver a la superficie.

            Tras meses de trabajo y restauración lograron acondicionar el espacio, abriendo a la visita del público el siguiente verano, estando perfectamente acondicionado todo el recorrido y cuidado con un gran esmero toda el, conservando en su interior una temperatura casi uniforme durante todo el año de unos 17 grados, lo que hace que en el tiempo de hoy frio, sea agradable estar en su interior y en el tiempo caluroso más agradable todavía por el frescor que en ellas se encuentra.

            En la gran sala, se ven maravillosas estalactitas y estalagmitas que la imaginación de cada visitante convierte en figuras reales y así pueden contemplarse una Virgen con un Niño en sus brazos, una cabeza de toro, una Virgen del Pilar o un jamón colgado del techo. Curiosidades que son interesantes de escuchar en la voz de un documentado guía que va indicando durante el recorrido, que dura cuarenta minutos aproximadamente. La propiedad de las cuevas es particular y la explota una sociedad que forman los herederos de la propietaria del terreno.

            Y tras esta magnífica vista de los prodigios de la naturaleza, vuelta al autobús para pararnos en nuestra siguiente estación, que era la ciudad de Arenas de San Pedro, antiguamente llamada Arenas de las Ferrerías y que cambio su apellido, tras la canonización en el siglo XVII de San Pedro de Alcántara que vivió en la ciudad y se convirtió en Patrón de la misma, por el ya conocido de Arenas de San Pedro. Localidad que fue saqueada e incendiada en más de una ocasión, como en la Guerra de la Independencia y en las Guerras Carlistas y que se refleja en el escudo que luce su bandera carmesí, de un castillo incendiado y en el lema de “Siempre Incendiada y Siempre Fiel”.

            El autobús nos conduce por la Avenida de Lourdes y la calle Triste Condesa, arteria comercial de la ciudad, para dejarnos en la Plaza del Condestable Davalos, frente al Castillo que lleva el mismo nombre y que también es conocido con el nombre del Castillo de la Triste Condesa o el Castillo de Don Álvaro de Luna. El Castillo es construido entre los años 1.393 y 1.422 por orden del Condestable Don Ruy López Davalos, pasando después a manos del Conde de Benavente, Don Rodrigo Alonso de Pimentel, tras el destierro de López Davalos, entregando el mismo como dote nupcial a su hija Dª Juana de Pimentel, tras su casamiento con Don Álvaro de Luna, cuyo tío abuelo fue el conocido Papa Luna (Don Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, que adoptaría el nombre de Benedicto XIII). Muere Don Álvaro de Luna en la ciudad de Valladolid, fruto de una confabulación de la nobleza castellana en el año 1.453 y desde ese momento Doña Juana llevaría el apodo de La Triste Condesa. Años más tarde el Castillo pasa a ser propiedad del Duque del Infantado, siendo sus herederos los que lo conservan. Después de la guerra de la Independencia y en el año 1.853, el castillo es propiedad de Don Manuel Álvarez de Toledo, Duque de Pastrana, quien lo cede al Ayuntamiento.

            El Castillo se construye en granito con planta cuadrada de 51 metros de lado y posee cuatro torreones circulares en cada esquina, siendo el elemento más significante del mismo la Torre del Homenaje, de forma rectangular y una altura de 27 metros. Ha sido rehabilitada y fueron terminados estos trabajos en el año 2.006, disponiendo de cuatro plantas en la que destacan un Salón de Actos, una Sala Medieval, Museo y Sala de exposiciones, donde se muestra una parte de la obra del pintor Don Manuel Aznar, nacido en este pueblo y fallecido en el año 2.010, donde se muestra entre otras obras, una muy buena colección de acuarelas. El Patio de Armas sirvió durante la ocupación francesa de cárcel y cementerio y a día de hoy se celebran en él obras de teatro, conferencias y conciertos.

            Tras la visita al Castillo, iniciamos un recorrido urbano, acompañados de una excelente y simpática guía que nos fue contando la historia del pueblo, y la primera parada la hicimos en el Puente Medieval de Aquelcabo, tras pasar por la Plaza de Las Victimas, en estilo gótico con tres arcos, siendo el arco del centro más grande que los laterales y estuvo dedicado como punto principal al cobro de pontazgo de carruajes, viajeros y ganados. Seguimos caminando hacia el casco antiguo para pasar sobre el Barrio mozárabe donde hoy se encuentra el Barrio de El Canchal, con sus calles de cantos y con casas construidas con piedra y cal, con balcones, vigas y troneras de madera. En la parte superior de este, se extendía el barrio judío, que tenía la categoría de aljama, lo que significaba tener las instalaciones primordiales para tener una vida totalmente judía, rabino y sinagoga, cementerio, carnicería y escuela talmúdica. Volvimos caminando hacia nuestro punto de partida, pasando por la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, una Iglesia gótica de finales del siglo XIV, pero que desgraciadamente no pudimos ver su interior por estar cerrada en ese momento del día, pero de la que nos destacaron su bonito pulpito y los altares de Virgen del Pilar de Arenas y San Pedro de Alcántara, patronos de la ciudad, además de un órgano del siglo XVIII que todavía está en uso. Bonita y curiosa la visita guiada, en la que las compras pusieron el punto y seguido a nuestro viaje, que continuaríamos hacia Talavera de la Reina, que debe su apellido desde el siglo XIV al regalo que el Rey Alfonso XI de Castilla, le hizo a “La Reina” María de Portugal en sus celebraciones matrimoniales, y donde lo primero que haríamos, seria reponer fuerzas, con un gran almuerzo, que nos dio energía para continuar con la visita a la ciudad de la cerámica.

            Aparcamos nuestro autobús a las orillas del rio Tajo, para una vez recogida nuestra guía, encaminarnos por un espléndido parque hasta el Templete de la Virgen de Guadalupe, Patrona de la Hispanidad, que se sitúa en la Ronda del Cañillo, una pequeña construcción, obra del Arquitecto Mario Rodríguez Marín, realizado por suscripción popular, y cuyos suscriptores se ven reflejados en el pavimento que rodea al mismo con sus nombres escritos en las losetas estrelladas que recubren el piso circundante al templete, que es de forma hexagonal realizado en estilo mudéjar con una pequeña cúpula, en la que se aprecian las imágenes de los Reyes Católicos, la Virgen del Prado o la propia Virgen de Guadalupe. En otro nivel se representan ilustres peregrinos como Santa Teresa, Lope de Vega o San Juan Pablo II siguiendo las representaciones de pueblos por los que pasa el camino hacia Guadalupe desde Talavera y en el último nivel pueblos en el camino desde Madrid. Muy bonito el templete y la imagen que se custodia en su interior. Seguimos nuestro camino pasando por la muralla para encaminarnos a nuestro siguiente destino que era el antiguo Convento de los Agustinos, que se sitúa en la Plaza de San Agustín, donde hoy se ubica el Museo de Cerámica Ruiz de Luna.

            El Museo lo creó Juan Ruiz de Luna, aunque en un principio estuvo en el edificio que el artista tenía en la Plaza del Pan, para trasladarse después al edificio actual, que ocupan la antigua Iglesia de San Agustín de estilo barroco, que es una obra de Fray Lorenzo de Nicolas, y en la que se ve una preciosa cúpula encamonada creada por él, y el Convento del siglo XVII que tras la desamortización de Mendizábal fue usado como granero y escuela nacional. El Museo muy bien cuidado y organizado, contempla piezas de los tiempos de los romanos y árabes, seguidas de los tiempos de máximo esplendor de la cerámica talaverana como fueron los siglos XV y XVI, hasta las últimas muestras de los siglos XIX y XX con obras propias de Ruiz de Luna, que tuvo como objetivo recuperar la antigua gloria ceramista, destruida durante la ocupación francesa de primeros del siglo XIX. Precioso el Museo, digno de visitarse.

            Acabada la visita del Museo seguimos caminado por sus calles para dirigirnos al punto neurálgico de la ciudad, la Plaza del Pan, pero antes nos detuvimos en otro edificio emblemático de la ciudad como es el Teatro Victoria, que se construyó en el año 1.912, obra del arquitecto Vicente Soler, sobre un antiguo Corral de Comedias. El Teatro es hoy de Propiedad Municipal y presenta una fachada de tres alturas, decorada con los típicos azulejos talaveranos, que reproducen alegorías de música y teatro, con retratos de autores y obras de zarzuelas. Y así desembocamos en la citada Plaza, que es la auténtica Plaza Mayor de muchos pueblos y ciudades de nuestra geografía y donde lo primero que nos encontramos es con una estatua del célebre autor de la tragicomedia de Calixto y Melibea, más conocido con el nombre de La Celestina, Fernando de Rojas, nacido en el toledano pueblo de La Puebla de Montalbán en 1.476, que sería Alcalde de Talavera en el año 1.538 y que moriría en esta ciudad en el año 1.541.

            La plaza tiene forma rectangular, con una superficie aproximada de 4.600 metros cuadrados y en ella podemos contemplar, entre otros, los edificios de la Colegiata de Santa María la Mayor, edificio de estilo gótico-mudéjar en el que destaca su rosetón gatico flamígero y que se inicia en los comienzos del siglo XII, el Palacio Arzobispal o el Ayuntamiento y donde no puede faltar la decoración con su cerámica. Hermosa y bonita la Plaza, que la poca luz que teníamos a esas horas no nos permitió ver en su esplendor. Y así llegamos al final de nuestra visita guiada, que nos conduce al autobús de regreso a casa, pero antes de subirnos en él, pudimos contemplar la última decoración cerámica de la ciudad, sus célebres Murales que se inician en el año 2.015 impulsados por el Ayuntamiento y financiados por empresas, asociaciones y particulares de Talavera, y que son una representación muy digna de la industria ceramista talaverana. Vimos primero uno, que hacía referencia a las célebres fiestas de Las Mondas y en el que aparece la figura de la Virgen del Prado, la diosa Ceres y un homenaje al mundo taurino. Tiene unas dimensiones de 20 metros de largo por 3 de ancho en los que se colocan 1.515 azulejos y después un segundo mural, que es un homenaje a la pesca en el rio Tajo, que esta tan cerca del mural, y en el que se aprecian, entre otras, unas figuras vestidas con el traje típico que diseñara el célebre Ruiz de Luna. Este es un poco mas pequeño que el anterior, pues tiene unas dimensiones de 17 metros de largo por 3 metros de altura, con 1.275 azulejos y en la parte inferior están escritos los nombres de las personas que contribuyeron con 15 Euros a la ejecución del mismo.

            Así pusimos el remate a esta bonita salida cultural de la Asociación Siglo XXI.

Tercera excursión del curso, que nos llevó a las tierras castellanas de Burgos, en dos días esplendidos de sol y temperatura, con muy buena información de excelentes guías.

         Realizamos la primera parada, para ver el desfiladero de La Yecla, de casi dos kilómetros, descendiendo por unas escaleras hasta el cauce del arroyo y a través de unas pasarelas se recorre el interior de este estrecho desfiladero que en algunas zonas solo tiene un metro de anchura. Vuelta al autobús para ver el Monasterio de Santo Domingo, anteriormente llamado de San Sebastián, que sufrió una gran renovación en el siglo XI, bajo el mandato de un monje  riojano llamado Domingo, que llego a Castilla bajo la protección del Rey Fernando I, que le puso al frente del Monasterio de San Sebastián al que llego a dirigir, cambiándose el nombre del Monasterio de San Sebastián a Santo Domingo tras su canonización.

          Solo se visita el claustro inferior, en el que se esculpen relieves de distintos maestros en los pilares que van adornando todo el recorrido, empezando por el de la Ascensión, en el que se representan a los apóstoles, todos ellos mirando hacia arriba, a su lado se encuentra el de Pentecostés, donde las figuras miran hacia abajo, para recibir al Espíritu Santo en forma de mano, en vez de paloma. Cerca de este relieve esta la Sala Capitular, y seguido los relieves de la Sepultura y la Resurrección. Contemplamos una imagen de la Virgen de Marzo esculpida en los siglos XIII – XIV, después nos encontramos con el relieve de El Descendimiento con la figura de Cristo muerto, tras el cual se encuentra el sepulcro de Santo Domingo con la efigie del monje que descansa sobre tres leones. El siguiente relieve corresponde con Los Discípulos de Emaús, con figuras mayores que los anteriores y tras este, pasar al recinto de la antigua bodega del Monasterio, dedicándose hoy a presentar exposiciones temporales de pintura.

       Desde este mes de marzo podemos ver una interesante exposición en el Museo del Prado con el título “El otro tesoro: Los estuches del Delfín”.

       Son objetos que pocas veces se contemplan ya que su función fue contener los vasos ricos del Tesoro del Delfín con el fin de proteger. De estos estuches dependía la longevidad de las alhajas del Delfín. Su forma exterior reproducía de forma simplificada el vaso que contenía.

    Fueron considerados objetos de segunda fila y hoy podemos admirar su rica guarnición, son verdaderas joyas. Cada una de estas piezas es única al igual que el vaso que contenía. Son los estuches más importantes de las colecciones europeas. Son en total 124 estuches fechados desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII. Son piezas muy frágiles y su conservación es muy complicada. Al ser contenedores han estados expuestos a la luz, a los cambios de temperatura, y han sufrido decoloraciones, deformaciones y algunos han tenido ataques de xilófagos.

      Hay en Madrid un desconocido y curioso Museo con objetos procedentes de toda España, muchos de ellos ya caídos en desuso o desaparecidos, y que forman parte de la cultura popular. Es el Museo de Artes y Tradiciones Populares situado en La Corrala de la calle Carlos de Arniches, en pleno Rastro de Madrid. Guadalupe González Hontoria fue la fundadora de este museo donando casi 3000 piezas que en un primer momento estaban almacenadas en la Universidad Autónoma de Madrid. Posteriormente esta corrala del siglo XIX fue rehabilitada y en el año 2012 se abrió este museo para albergar toda esta colección que hoy se ha incrementado. Guadalupe había recorrido España rescatando de los pueblos diferentes objetos de la cultura popular. A ella se debe la divulgación e investigación de nuestro rico patrimonio que podemos visitar en este museo.

     Este acogedor museo dedica una zona al ambiente festivo a lo largo el año, con diferentes fiestas tradicionales de toda España, es el caso de la zona dedicada al “Carnaval”, donde todos los excesos están permitidos, al que le sucede la “Semana Santa” marcada por la austeridad y la reflexión.

       Hay un muñeco de la provincia de Cáceres el “Peropalo" de tamaño natural, vestido de negro, hecho de paja y la cabeza de madera. A su espalda lleva la sentencia condenatoria. La fiesta dura tres días de carnaval y va desde su confección hasta su muerte. Este muñeco es sometido a escarnio público, manteo y sentencia de ser quemado en la hoguera. No se sabe con certeza el origen, tal vez un malhechor, un bandido, un traidor…que pudo ser ajusticiado. Con la cultura cristiana pudo significar un símbolo de lo pagano y de lo carnal que debía ser destruido antes de la cuaresma.

       El traje de “Peliqueiro” del carnaval de Laza, Orense. Es uno de los carnavales más antiguos de Galicia. Es una vestimenta extravagante y colorida, puede pesar hasta 25kg. Llevan cinturón con cencerros que hacen sonar, una máscara pintada con una mitra con animal dibujado. Detrás cubriendo la cabeza llevaban piel de zorro, lobo…, hoy es sintética. Los peliqueiros corren por la villa imponiendo su autoridad. No se sabe el origen pero su nombre viene del pelo que llevan detrás de la careta.

        Un “Cucurrumacho” de Navalosa , Ávila. Lleva máscara con cuernos y pelos, es una máscara de madera cubierta con crines de caballo y se le añade huesos, pieles de animales… Sale a la calle asustando a los niños con el sonido de sus cencerros el Domingo de Carnaval. Posible origen celta. Se le identifica con el mal que sale a las calles produciendo el caos.

     “Pantallas”de Oruense con su vejigas, “Máscara “de Teguisse (diablo), “Madamas” de Huesca, “Botargas y Mascaritas” de Guadalajara…

         También podemos ver gigantes y cabezudos, tradición muy arraigada en España sobre todo en Carnaval y en San Isidro, son personajes de la historia de Madrid y de España. Un gigante Don Carnal y Doña Cuaresma, estos personajes ya eran mencionados en el “Libro de Buen Amor” de Arcipreste de Hita, tal vez la obra más importante del siglo XIV, joya de la literatura española y universal, donde se enfrentan en una batalla gastronómica feroz y a la vez divertida, es una obra muy simbólica.

    El carnaval es tan sólo una parte de este museo, podemos visitarlo y comprobar que somos herederos de muchas costumbres ancestrales.

Segunda salida cultural del año 2018, para ver uno de los sitios históricos que más han contribuido a la Historia de España, ya que allí nació La Reina Isabel La Católica un 22 de Abril de 1451.

La primera visita fue para ver el monasterio de Nª Sª de Gracia, regalo del emperador Carlos I a las Madres Agustinas. En su origen fue Palacio del Rey Juan II, padre de la Reina Isabel, y una vez en su interior nos muestra un gran claustro cuadrado de cuarenta metros de lado, muy sencillo y luminoso, y en el centro del mismo una gran fuente de piedra con el escudo de la Orden. Desde el patio nos trasladamos a la Sala Capitular donde se reunieron las Cortes de Castilla y León en el año 1438, que presenta un artesonado de madera mudéjar hecho a punta de cuchillo, que es una autentica maravilla con un piso de baldosa castellana. La Sala posee pinturas y dos grandes estatuas de San Agustín y Santo Tomas de Villanueva. Desde aquí nos dirigimos después para ver otros recintos llamados Sala de Espera o Antesala y Salón de Embajadores. Igual que la Sala Capitular posee un rico artesonado, que en esta ocasión se asemeja a una quilla invertida de un barco, y que al entrar las monjas en el recinto, esta sala la convirtieron en refectorio hasta el año 1984, conservándose las rusticas mesas de pino y el banco corrido de asiento, estando este decorado con lienzos de religiosas de la comunidad y como obra principal destaca un retrato de San Agustín obra del pintor Juan Carreño. En esta sala se fundó la Santa Hermandad predecesora de la Guardia Civil de nuestros días. Posee la sala dos preciosos armarios que guardan innumerables objetos religiosos, Cálices, Custodias, un bonito Crucificado de marfil, Niños Jesús vestidos, una Virgen del Pilar en alabastro, etc.

Pasamos a continuación a ver el Coro Bajo que corresponde a la Capilla Real del Palacio y que presenta un pequeño retablo barroco muy bonito y en el centro del recinto un enterramiento en alabastro al que le faltan las figuras que en su momento coronaros el mismo, decorado con medallones de santos de la orden agustina. Tiene un precioso crucificado del maestro Alonso de Vallejo y un gran órgano en uso, que es una pieza del siglo XVIII. La Capilla la vimos desde la reja del coro, siendo de una sola nave con un retablo de estilo barroco del siglo XVIII de autor desconocido. Tras salir de la Capilla, y a través de una gran escalera realizada en piedra granítica del siglo XV, y con un artesonado mudéjar de madera magnifico, llegamos a las habitaciones reales, compuestas por cuatro salas, teniendo las dos primeras una decoración con techos pompeyanos. La tercera sala posee también varios lienzos destacando uno de Ribalta que representa a Santo Tomas de Villanueva y un retrato de los Reyes Católicos, después de su enlace matrimonial. La cuarta y última sala corresponde a la habitación donde nació la Reina, una sencilla estancia de dimensiones reducidas 3,40 x 2,46 metros, donde vio la luz la más famosa Reina de España.

Tras ver esta gran obra, nos dirigimos a través de las empedradas calles de Madrigal hacia otro de los sitios dignos de ver, la Iglesia de San Nicolás de Bari, pasando antes y contemplando la fachada del Hospital Real de la Purísima Concepción, fundado en el siglo XV por Dª María de Aragón, la primera esposa del rey Juan II. La Iglesia de San Nicolás fue construida en el siglo XIII y reformada en el XV, siendo declarado Monumento Nacional en el año 1931. Destaca su esplendida torre campanario de 65 metros de altura, y consta de tres naves y dos ábsides con arcos ciegos. Además de su impresionante artesonado de madera de nogal, su pieza más destacada es la pila bautismal donde recibió las aguas cristianas la Reina Isabel. Después de visitar una bodega castellana y degustar un magnifico almuerzo, emprendimos el regreso a Alcorcón tras una breve parada en Arévalo para ver su Castillo.