Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

Leer más...
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
Leer más...

I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
Leer más...

Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

Leer más...
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

Leer más...
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

Leer más...

Opinión

         Cuando el artículo 155 de la Constitución está en boca de todo el mundo, aunque la mayoría ni lo haya leído. Cuando ese artículo es sistemáticamente citado una y otra vez, un día sí y otro también por la generalidad de los medios de comunicación. Alguien, yo mismo, se complace en traer aquí otro artículo de la Carta Magna: el 46. Y eso que reconozco que no soy ni siquiera un leguleyo; un leguleyo de esos que me parece, y lo lamentaría muy de veras, que inoportunamente actúan como tales en la Judicatura española.    

       Digo esto porque se me hace a mí que los del Tribunal Supremo no se han molestado, para recordarlo y aplicarlo correctamente dicho artículo los pasados días; pues reza textualmente: “que los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La Ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio”.

       Pero es que, además, en el caso concreto como el de la monumentalidad del Valle de los Caídos, es una basílica de la Comunidad Autónoma de Madrid. Y el artículo 148 de la Constitución, en su apartado 16º especifica “que las Comunidades Autónomas podrán asumir competencias en los patrimonios monumentales de interés”.

       Pues bien, para los Jueces del Supremo todo indica que un monumento de tanta suntuosidad y el mayor y más importante que se ha construido en la Unión Europea en todo el siglo XX, no les ha valido esa riqueza arquitectónica nacional, sita en el territorio de la Comunidad de Madrid, para defender su integridad histórica, cultural y artística. Y a la vista está que eso es así, al haber permitido que la tumba del que lo mandó construir haya sido profanada, y eso que el Valle de los Caídos es un centro religioso; en el que los monjes que lo custodian (es oportuno decirlo con el fin de que lo sepan quienes no tienen conocimientos de esa naturaleza) han sido ninguneados con falta de formalización.

         Estos días que nos retienen en casa a consecuencia de la terrible pandemia del coronavirus, nos sirven para entretener las horas diarias en hacer diferentes cosas, lecturas de libros nuevos o antiguos, revistas, audición de música, videos, escritos, ordenación de papeles, etc. y también navegar por internet para, en mi caso, entre otras búsquedas, ver temas relacionados con la música en general y con la militar en particular.

          Y en esas búsquedas me he encontrado con la triste noticia de la muerte del extraordinario músico militar el General de Brigada Don Francisco Grau Vegara, acaecida hace unos meses, al que yo conocí hace más de veinticinco años, cuando dirigía la Banda de Música de la Guardia Real, en aquellos conciertos que se celebraban en el Campo del Moro y cuando acababa a ascender a Teniente Coronel, el primer director músico militar que conseguía lucir las dos estrellas de ocho puntas, como años más tarde también sería el primero en llevar las tres de Coronel y finalizar alcanzando el Generalato.

          Yo había comprado un disco de vinilo, en una tienda de Patrimonio Nacional que había en la Plaza de Oriente, que había grabado la Banda de Música de la Guardia Real, con él de Director aún con el grado de Comandante, para que me lo firmara, lo que hizo con la simpatía y amabilidad que le caracterizaba con todo el público, y le pregunte por grabaciones de Música Militar, y su respuesta fue: “Compre la Nueva Antología de la Música Militar, es lo mejor que hay editado”.

        El Consejo de Ministros está empezando a convertirse en una caldera incandescente, pues el grupo de ministros y ministras de Unidas Podemos no quiere ser comparsa y está dejándose notar en su quehacer diario, ya que, lógicamente, quieren aprovechar cualquier situación para marcar diferencia con el grupo socialista del gobierno. Aprovechando la cercanía del Día Internacional de la Mujer y la consabida manifestación, a la que han puesto el lema “Sola y borracha quiero llegar a casa”, la ministra Montero -junto con un grupito de amigas, todas ellas con importantes cargos en el área de mujer y sueldos a cuenta del erario público-, se han sacado de la manga una Ley de Libertad Sexual, que por parte del ministro de Justicia ha tenida una respuesta rápida de estupor y sorpresa, pues es una ley farragosa y sin sentido que les ha obligado a modificarla para poderla aprobar antes del 8 de marzo.

         Es la primera epidemia o posiblemente pandemia que hayamos tenido en la época de las redes sociales de comunicación, con las fake news en plena marcha, y que condiciona los procesos epidemiológicos de forma considerable, por lo que podemos dividir la enfermedad del coranovirus, en dos conceptos diferentes, de un lado la enfermedad en todas sus variantes y de otra la pandemia de pánico que están provocando tanto la falta de noticias reales y fiables, así como la desmesurada presencia de noticias falsas, con la consiguiente propensión a las teorías conspiratorias.

          Esta situación me recuerda la vivida con el síndrome tóxico en España por los años 1981-1982, nos enfrentábamos a una enfermedad desconocida, no sabíamos siquiera si era infecciosa o tóxica y, tuvimos que hacerla frente con los condicionantes políticos y de comunicación, en donde día tras día, aparecían en los medios de comunicación personajes, que atribuyéndose conocimientos que no tenían, prejuzgaban lo que iba a pasar en los siguientes años a todo aquel que padecía la enfermedad. Todos iban a morir en los próximos años de cánceres y otras lindezas. Con lo cual podemos imaginar el pánico y los daños psicológicos que se creaban.

          En semanas del coronavirus no nos puede extrañar que otras patologías virulentas -en este caso políticas- se extiendan sin control por esta España nuestra, como está ocurriendo ahora, y que incluso alcancen a Francia; aunque en Francia no caigan todavía en la cuenta del peligro que les pueda traer este contagio; que lo puede experimentar con creces acentuadas; al desestimar nuestros problemas, como casi siempre ha hecho   -y en cualquier régimen político que hayamos tenido- cuando hemos necesitado su ayuda. Sólo tenemos que recordar lo que nos ocurría no hace tantos años con la bastarda actitud de su ex Presidente Valery Giscard d´Estaing.

          Refiero todo esto por el acto del pasado 29 de febrero, que Puigdemont montó en Perpiñán con el consentimiento de las autoridades galas; que le proporcionaron al fugado político catalán toda clase de facilidades para que actuara, según sus ideas y las que les transmite a sus seguidores, en la descomposición de España. Y ya veremos cómo le sale al país vecino esa fechoría perpetrada contra nuestra Nación. Pues Puigdemont, aunque cuente con el favor francés, tiene muy en contra a los defensores del diálogo político con el Gobierno de Pedro Sánchez, como son los de ERC, a los que el Presidente se presta muy sagazmente para permanecer en la Moncloa cueste lo que cueste.