Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

Leer más...
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
Leer más...

I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
Leer más...

Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

Leer más...
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

Leer más...
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

Leer más...

         No hace mucho tiempo, unos meses quizá, un numeroso grupo de científicos, diez de ellos eran españoles, anunció en EE.UU. que una catastrófica amenaza se avecinaba sobre la tierra. Naturalmente, a esa conclusión llegaron debido al calentamiento imparable que la atmósfera venía sufriendo sin cesar década tras década. Y las previsiones de tales estudiosos ya las estamos sufriendo de continuo, aunque sus nefastas consecuencias intentemos arreglarlas con medidas que nos dan la sensación de que nuestro Planeta no puede tener un recambio absoluto que enderece todos sus males, y que nosotros, sus habitantes, quizá no podamos seguir tirando del carro en el que nos hemos subido sin control adecuado con nuestras formas de vida que, en ciertos casos, son formas de vida sin sentido; dominadas por el consumismo feroz que observamos con frecuencia.

       No creo yo que el decaimiento atmosférico del Planeta se venga produciendo solamente a consecuencia del calentamiento que denunciaban los científicos. Pues otras formas de deterioros naturales pueden producirse tarde o temprano si es que no acertamos a corregir las tendencias de que todo vale, para satisfacer nuestras apetencias cada vez más numerosas y sofisticadas.

 

         En tal sentido, acerca de este tratado sobre el tema, me parece que no se puede descartar que el coronavirus no se haya de alguna forma producido por normas de desequilibrio atmosférico que hayan originado dramáticamente la severa pandemia que sufre el mundo, con consecuencias alarmantes para poblaciones enteras. Poblaciones que ahora se esfuerzan denodadamente, y con ciertos casos de heroicos comportamientos, para subsanar lo más pronto posible un mal que puede aumentar con peores calamidades.

       Refería que el coronavirus puede deberse a cierta forma de desequilibrios atmosféricos. Los cuales, naturalmente, hace bastante años que estamos ocasionando; incluso caprichosamente. Ténganse en cuenta las numerosas masas humanas moviéndose sin cesar través de todos los medios disponibles, consumiendo toneladas de oxígeno y expandiendo las mismas cantidades de carbono; cuyos volúmenes no tienen tiempo de transformar en oxígeno las amplias zonas verdes que aún van quedando en nuestro mundo. Además, tenemos toda clase de ingenios: maquinarias, aparatos, artefactos, vehículos, etc.; fabulosos mecanismos moviéndose ruidosamente  y con concentraciones de alteración que descomponen los efectos naturales del Planeta, ocasionando que la entera atmósfera se envicie con torbellinos nada propicios para las rotaciones naturales que rigen la proyección de la tierra en el universo donde de continuo se mueve.

      Por otra parte, acerca de la aparición, el desarrollo y la magnitud del coronavirus, igualmente podemos asociarlo a costumbres humanas que nos tendrían que estar avisando de que las correcciones en ciertos hábitos de la vida tendrían que ponerse en práctica, habilitando una correcta naturaleza ambiental, asociándola a la atmósfera que nos cobija bajo su propio régimen de acondicionamiento universal.

       Antes se sufrían, por ejemplo, las diferentes apariciones en nuestro mundo de las pandemias de la peste y el cólera; que arrasaban con poblaciones enteras cuyos modos de vida estaban al margen de todas normas de higiene, de esas que impidieran apariciones de los males pandémicos y calamitosos para el género humano, desinformado en tales cuestiones sanitarias e higiénicas.

      Yo no creo, desde luego, que el coronavirus tenga su origen en insalubres costumbre humanas. Pero sí me pregunto con frecuencia, ante la tamaña calamidad que supone para nuestro mundo (pues todos los países están inmersos en sus dañinas repercusiones sanitarias y sociales) que algo de su origen y de su rápida expansión pueden deberse a que no hayamos hecho usos de apropiadas y sanas prácticas de nuestra propia condición humana. Y que el Planeta, en defensa propia, revuelto con equívocas actitudes de comportamientos desacertados de los hombres, esté respondiendo con rigor, sin explicación científica para nadie, a los múltiples desmanes cometidos, muchas veces sin conciencia de ello.

        Hay que observar, al respecto, cómo los polos terrestres vienen respondiendo con formas inapropiadas de su propia naturaleza polar a las costumbres que nos hemos dado. De la misma manera que lo observamos en otros desastres ecológicos; como son las descomunales y violentas borrascas que aparecen en cualquier parte, incluso en lugares nada comunes  para sus azotes de mano izquierda. Y por lo mismo, tampoco tendríamos que extrañarnos de que la pandemia que sufrimos haya venido preparándose en virtud de ese mismo progreso que a todos nos seduce, pero sin pensar en las consecuencias que arrastra. A veces desastrosas y nada controladas por los propios científicos.