Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

“Si de algo se dice: “Mira, eso sí que es nuevo”, aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron” (Eclesiastés 1-10)

¡Que reveladoras palabras para los que vivimos la presente realidad! Aunque también aquellas personas de principios del siglo XX se habían olvidado de la peste negra que acabó con la tercera parte de la población de Europa. Como nosotros ahora, se sentían muy seguros con los adelantos conseguidos en higiene y sanidad y pensaban que jamás se vería repetir los estragos del cólera, el tifus y otras enfermedades…

Y de repente se encontraron inmersos en la pandemia a más devastadora de la historia humana. Los primeros casos fueron detectados en 1917, en la I Guerra Mundial e iban asociados al proceso bélico. Estalló con enorme violencia en 1918 y desapareció en 1920, entre otras razones por la inmunización de los supervivientes. El agente patógeno fue el Influenza virus A subtipo H1N1, con una variante que lo diferencia mucho al Covid 19: Tenía una peculiar mortalidad entre niños, jovenes y adultos sanos.

La tasa de mortalidad era altísima; del 10 % al 20 % de los infectados y la morbilidad pudo llegar al 40 % de la población mundial. Las cifras de muertos son pavorosas. En realidad se desconoce el número exacto de fallecidos y las estimaciones varía entre los 50 millones y los cien millones de personas. La oleada del primer año provocó entre 20 y 40 millones de muertos. En España tuvimos 8 millones de infectados y 200.000 muertos, en China murieron 25 millones, en EEUU 600.000 personas, en Reino Unido 250.000 en Francia 400.000, en Italia 300.000, en India británica 15 millones, en África 2.000.000, en Australia 80.000, en Chile 40.000… la relación de países y cifras es terrible y solo el enumerarla provoca una profunda consternación.

Esta calamidad mundial ha pasado a ser conocida en el común de las persona con el equivocado título de gripe española, cuando lo cierto es que en sus orígenes apareció en EEUU en el estado de Kansas y se extendió a prácticamente la totalidad de campamentos militares estadounidenses habilitados para enviar tropas a Europa. La aglomeración de hombres facilitó el contagio de la enfermedad que luego se extendería por el mundo entero. Tanto es así que el presidente Woodrow Wilson consulto a su estado mayor si deberían suspender el envío de tropas para no propagar la enfermedad, pero el general Peyton C. March le indicó que una noticia como esa podría perjudicar la guerra al saber el enemigo que tenían graves problemas entre sus filas. Por eso los contagiados siguieron llegando a Europa y la noticia, si no oculta porque era imposible, fue acallada. Por parte nuestra, España no era beligerante y no censuró los informes de lo que estaba pasando. Por ello la prensa apuntó a nuestro país como foco de la epidemia. No debe extrañar que con el tiempo fuese calando en la imaginación popular de forma parecida a la sarta de mentiras que han conformado la Leyenda Negra.

Otra línea de investigación señala a China como foco primario. En 1993 Claude Hannon experto del Instituto Pasteur apuntó que el virus precursor provenía de China y que luego mutó en EEUU extendiéndose por Europa y luego al resto del mundo. También el historiador Mark Humphries señala que la presencia de miles de trabajadores chinos tras las líneas francesas y británica podían haber sido fuentes para la pandemia.

Todo esto nos suena a conocido ¿verdad?

A la vista de lo que sucedió hace un siglo y de lo que vivimos en estos momentos ¿será posible sacar alguna enseñanza? Me parece imprescindible la HUMILDAD. Tenemos que alejar la idea de que controlamos nuestro porvenir, de que podemos dominarlo todo, de que sabemos todas las respuestas. Hay que mirar menos a la tierra y levantar los ojos al cielo para preguntar y pedir a Dios si nos puede sacar de este peligro cuya existencia ya es en sí mismo un acto de fe: algo que nos es imposible ver ha puesto de rodillas a la Humanidad.