Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas...

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          Agnes Gonxha Bojaxhiu fue, sin lugar a duda, el mayor personaje histórico del pasado siglo XX y en el primer tercio del XXI sigue siendo paradigma de amor al más pobre y despreciado entre los seres humanos. No es por los muchos premios que recibiera a lo largo de su vida. No ganó batallas, no hizo descubrimientos extraordinarios ni realizo obras de arte imperecederas, pero su ejemplo es aquella “luz que brilla en la tiniebla” y puede significar esperanza en un mundo que parece no merecerla. Pienso que a la sola mención de su nombre, ni los ateos más descreídos ni los enemigos declarados del cristianismo dejarán de inclinar la cabeza en muestra de respeto a esta frágil mujer.

 

         La santa albanesa procedente de una familia que la inculcó sentimientos cristianos desde muy pequeña, estaba conmovida por las experiencias de los misioneros que relataban la profunda miseria y dolor humano en la India. A los 18 años profesó en Nª Sª de Loreto, con el nombre de Teresa y embarcó hacia Bengala para cursar estudios de magisterio.

         Estuvo 20 años en Calcuta en la St. Mary’s School pero el espectáculo que ofrecían las calles llenas de pobres abandonados a su suerte, el sufrimiento absoluto de los “descartados” por la sociedad, de los más pobres de los pobres, la hizo solicitar a Pio XII licencia para dejar la orden y entregarse por completo a los menesterosos. Su mensaje: quiero llevar el amor de Dios, a los que nada tienen; quiero demostrarles que Dios ama el mundo y que les ama a ellos” es el resumen de su vida y obra.

         En 1947 la India obtuvo la independencia de Inglaterra después de una larga lucha y en 1948 Roma la autorizó a dedicar su vida a este ministerio de amor y socorro a los desesperados.  Mientras estudiaba enfermería la Madre Teresa abrió el primer centro de acogida de niños. En 1950 adquirió la nacionalidad india, fundando la Congregación de las Misioneras de la Caridad, reconocida por Pablo VI en 1965. Las misioneras, además de los votos tradicionales, se dedicaban totalmente a los necesitados, desheredados y moribundos, sin perjuicio de que fueran cristianos o no. El único criterio para socorrerlos  lo marcaban la necesidad y el desprecio que los marginados reciben de la sociedad.

         El ejemplo humanitario de su trabajo empezó a recibir apoyos y los centros de su Congregación fueron extendiéndose por todo el mundo. Un coche regalado por Pablo VI se rifó para ayuda de construcción de una leprosería y pudo convencer a Juan Pablo II para abrir un albergue de indigentes en el mismo Vaticano.  Este mismo Papa, consciente del respeto que inspiraba a todo el mundo, la designó para mediar en el conflicto del Líbano.  Ya en 1975 había estado en la conferencia Mundial de Naciones Unidas celebrada en Méjico para formular su ideario ante el mundo. Poco después recibió el Nobel de la Paz.  En 1986 Juan Pablo II la visitó en La Casa del Moribundo, el día más feliz de su vida, lo calificó ella.

         Su salud fue declinando, hubo que someterse a varias intervenciones quirúrgicas, sufrió malaria complicando sus ya existentes afecciones cardiacas y pulmonares… Al fin tuvo que ceder su puesto a otra monja hindú convertida al cristianismo.

          A su muerte en 1997, poco después de cumplir 87 años, la Congregación Misioneras de la Caridad tenían 500 centros abiertos en un centenar de países.

          Parece que tuvo momentos de sequedad espiritual ¡y que llegó a pensar que Dios no la amaba! ¡Inmenso testimonio de humildad que me recuerda al de nuestra Teresa de Ávila… como si Dios pudiera dejar de amar a un alma tan hermosa…!