Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

         Paseando por el barrio armenio en la ciudad vieja de Jerusalén, es frecuente encontrar carteles que recuerdan el genocidio que sufrieron por parte del imperio otomano en 1915. Los musulmanes los arrancan de inmediato, lo cual no es extraño porque también les ofende que se hable del Holocausto el cual niegan pretendiendo que es un invento sionista. Y si son capaces de tal cosa ahora, cuando todavía están vivos muchos de los que consiguieron escapar del horror nazi, más fácil les resulta negar lo que se remonta a más de un siglo. A pesar de todo, los armenios reponen esos carteles sin desalentarse, para que el mundo no olvide aquella atrocidad sufrida por su pueblo. El Genocidio… exterminación sistemática de sectores de población civil por razones políticas, étnicas, religiosas, ideológicas… para Turquía este es un tema tabú que niega con rotundidad y trata de mitigar con razones diferentes a las que definen el genocidio. No faltan imágenes para ilustrar este comentario. Hay muchas pero de tal crudeza, (cabezas cortadas, ahorcamientos, fosas comunes) que es mejor representarlo con el consuelo de la Cruz y la esperanza de la vela…

 

         Los antecedentes del proceso se iniciaron en el último tercio del siglo XIX cuando la Gran Turquía tiene que abandonar parte de sus posesiones en los Balcanes. El repliegue que le valió que los denominaran con el calificativo de “enfermo de Europa” hizo que el sultán y sus dirigentes buscasen chivos expiatorios de esta decadencia y fracaso exterior. Por ello culparon a las minorías cristianas existentes en el Imperio, entre ellas la armenia, de ser culpables de este hundimiento.

         Las tirantes relaciones con los pueblos afectados provocaron en 1894 un alzamiento de nacionalistas armenios contra el dominio turco. La brutal y desproporcionada represión le valió al Sultán Abdul Hamid II el sobrenombre de “El Sultán Sangriento”. Las revueltas y protestas armenias su sucedieron a lo largo de años, hasta bien entrado el siglo XX, cuando en 1909 acaeció la masacre de Adana.

    En este clima de inestabilidad se produjo el derrocamiento del Sultán por parte de los “Jovenes Turcos”, grupo de intelectuales reformistas que pretendían modernizar al Imperio. A pesar del cambio la situación armenia siguió empeorando.

          Para entonces se inicia la I Guerra Mundial y en 1914 Rusia ataca a Turquía en la campaña del Cáucaso, obtiene la victoria de Sarakamish y llega al lago Van. Animados por la retirada de tropas turcas los armenios se rebelan contra ellos el 20 de abril de 1915.

         Aquella fue la excusa perfecta para las represalias y la respuesta no se hizo esperar. Se desarmó a todos los armenios que servían en el ejército turco y los enviaron a campos de trabajo, se detuvo y eliminó toda  la elite armenia residente en Estambul y el gobierno de los “Jovenes Turcos” decide deportar a toda la población armenia a campos de refugiados al sur del Imperio.

         Los civiles armenios fueron conducidos hacia la actual Siria a centenares de kilómetros, sin comida y casi sin agua, sufriendo continuo maltrato de sus guardianes que mataban y violaban a discreción. El camino quedó señalado por fosas comunes en las que no había distinción de edades o sexos, puesto que aquella caravana de la muerte iba formada principalmente con mujeres niños y ancianos.

          Cuando llegaron a su destino siguieron sin alimentos y sufriendo abusos por los turcos. Los campos de refugiados eran cultivo perfecto para epidemias. Este trato cruel fue elevando las cifras de fallecidos.

     Pese a la negativa de Turquía, numerosas investigaciones sobre este genocidio basado en cuestiones religiosas, étnicas y políticas, cifran los últimos cálculos entre uno y dos millones muertos.