Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI
Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI
Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García
Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

NUEVA  LEY  DE ECONOMÍA.

La política económica del Gobierno es y ha sido como el parto de los montes. Mucha expectación y al fin salió un ratón o como diría el castizo: Mucho ruido y pocas nueces.

Sin medidas estructurales que aplicar, sin reforma laboral, bajada de impuestos, control del gasto, sin inversiones productivas, lo único que cabía esperar es que escampe tras la tormenta de la crisis. Saldremos a flote, los últimos,  por la inercia de los países fuertes.

La intromisión del Estado en la vida privada no es de recibo y ni que decir tiene lo bien que ha caído entre los pensionistas el suprimirles la paga extra. En fin, todo un acierto.

 

 

PRUEBA  DE  FUEGO  DEL SISTEMA.

Las inaceptables amenazas e insólitas presiones de la prensa catalana al  veredicto, aún incierto, del TC sobre su estatuto, será la prueba definitiva de  consolidación o de  autodestrucción de la democracia española. Sin respeto total al guardián del orden constitucional, todo se desmorona. Cuestionando su legitimidad  o amenazándole,  no hay democracia que valga. Vamos derechos a la quiebra de la sociedad y del sistema.

Ni la casta política catalana, ni el 30% de los votantes, ni el apoyo irresponsable de Zp, pueden quitar el derecho fundamental de  todos los españoles a decidir en este asunto concerniente. 

 

CORRUPCIÓN.

Palabra que habría que desterrar del diccionario. Su sólo nombre es molesto. No digamos sus sinónimos que evocan el vómito: putrefacción, descomposición, pus, podredumbre etc. Nadie sería capaz de convivir mucho tiempo con un cadáver.

No obstante nos hemos acostumbrado a vivir con la corrupción dentro y fuera de nosotros, como si nada. La corrupción moral, igual que la física, nos debería resultar a todos insoportable, intolerable. Por desgracia,  a todo se acostumbra el ser humano.

El panorama que ofrece nuestra sociedad y clase política en general,  con ejemplares excepciones, es más bien desolador. ¡Cuánta razón  le asistía al primer presidente de la democracia española, Adolfo Suárez cuando escribía :”Los políticos tenemos que vivir entre la mierda; pero no hay que confundirse con ella”.(Rev.SRD). En toda corrupción está presente lo que Papini, en frase genial, llamó “el estiércol del Diablo”, refiriéndose al vil metal, el dinero.

Por él comienza toda clase de corrupción. Por dinero se roba, se mata, se miente, se calumnia, se viola, se cometen perjurios, se prostituye, se llevan a cabo toda clase de vilezas e indignidades, asesinatos y genocidios. Llegado el caso, hasta se vende el alma al diablo, se blasfema y se reniega de Dios.  Para acabar con tanta corrupción que, cual marea negra o chapapote,  salpica  a la generalidad de los mortales, no bastan todas las penas y leyes del mundo. Sólo se precisan los 10 Mandamientos de la Ley de Dios.

 

AGRICULTORES  Y  GOBIERNO SOCIALISTA.

Difícil entender cómo, precisamente un gobierno social –ista, haya dado la espalda, de hecho, al sector agrario en España. Es la cenicienta de las preocupaciones sociales de ZP, quien suprimió, hace un año y 32 semanas, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación,”confusionado” con el de Medio Ambienten y creando otros, como el de Igualdad, de escaso interés social. Ni en la UE, ni en los gobiernos regionales hayan la ayuda e interés precisos. La masiva jornada de paro  vivida en Madrid  y en casi toda España, debe ser un fuerte aldabonazo a la conciencia de políticos,  Gobierno y resto de ciudadanos

 

ZP  Y   LOS  CIENTÍFICOS.

España arrastra un mal endémico. El poco interés por el mundo de la investigación y de la ciencia. ¡”Que inventen ellos”¡. Ha sido una constante en el pasado,  acentuado hoy con los socialistas.  Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Barbacil… tuvieron que emigrar para darse a conocer como valiosos hombres de ciencia. Aquí es mejor apreciado y retribuido un deportista que un sabio, científico o un investigador.

Zp,  arropado en y por sus medios, aplica el recorte presupuestario a jóvenes valores de la ciencia y prima a los del sindicato de la ceja y la farándula. Índice significativo del modelo de país al que nos conduce

 

ANTE  LA  MUERTE.

Nos sobrecoge a todos un sentimiento de impotencia, de fragilidad, de pequeñez, ante el hecho incontestable de la muerte, a la que sabemos nadie es ajeno. Instintivamente nuestra naturaleza  nos lleva a rechazar lo que es evidente y a todos se nos impone, sin mucho razonamiento, la caducidad de nuestra condición humana.

Un filósofo existencialista llegó a definir al hombre como “el ser para la muerte”. Entre todos los animales, el hombre es el único que tiene conciencia de su  finitud.

En esto sí que hay acuerdo absoluto, indiscutible y universal por parte de todos los humanos. Nadie en su sano juicio, de la cultura, edad, condición, y  religión que sea niega la realidad de la muerte y de su propia muerte. Es la verdad  más absoluta, muy por encima de cualquier otra. Y esta obviedad nos hace aceptar otras que no  son menos convincentes. A saber:

Que estamos aquí de paso. Que nada material nos podremos llevar al más allá.

A los creyentes nuestra fe, apoyada en la revelación, nos dice que la muerte no es otra cosa que el encuentro con Dios. A los ateos les debería llevar a otra  valiosa reflexión:

Amar a todos y hacer el bien, quizá no sea algo inútil. Merece la pena.

 

LAS  BUENAS  PERSONAS.

Se puede comprobar en la vida que el mal tiene amplia audiencia y el bien es silencioso. Lo vemos a diario en los medios. Se da  prioridad al mal de minorías sobre el bien de  mayorías. Así se  fomenta el morbo, la clientela  y el negocio. El bien no vende. Las  violencias, los crímenes, los atracos, el sexo provocativo, sí que vende y mucho.

En España, a Dios gracias todavía, la inmensa mayoría de sus ciudadanos son  buenas y excelentes personas. Son honradas, respetuosas con los demás, superando con creces a quienes roban, matan, violan, mienten, calumnian y hacen el mal por doquier.

Ahora bien, en una sociedad sana, pacífica, democrática y libre, no basta  ser sólo buenas personas, como quienes dicen: “Yo no robo ni mato”, quedándose luego tan tranquilas.

No basta el no robar ni matar, aunque no sea  poco en estos tiempos. Hay que cultivar y tener otros  valores que son necesarios para el bien común y la buena marcha de una sociedad de auténtico progreso: El respeto a uno mismo, a los demás, a toda vida humana concebida, a la veracidad, a la fidelidad a la pareja, a la palabra dada, al perdón, al altruismo, al compartir con los más necesitados etc. Aún estamos lejos. Esperemos que algún día el bien venza al mal. De  cada ciudadano depende se haga realidad la utopía.