Ciclo de Conferencias de la Asociación Cultural Alcorcon Siglo XXI
Premios de Novela Alcorcón Siglo XXI
II Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

NP. Ayuntamiento de Alcorcón - Viernes, 26 Septiembre 2014 

La Asociación Cultural Alcorcón Siglo XXI , en...

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III Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del III Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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I Certamen de Pintura Alcorcón Siglo XXI

Convocatoria del I Certamen de Pintura "Asociación Cultural de Alcorcón Siglo XXI”
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Conferencia de Ely del Valle en Siglo XXI

Pablo Villalba

Eran las 19,00 horas del 23 de marzo del 2015 cuando la...

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Conferencia en Siglo XXI de D. David Pérez García

Pablo Villalba

Antes de empezar la conferencia se recordó a los fallecido en el...

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Conferencia: los excesos de comida en las fiestas navideñas

FORO DE DEBATE.
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                                            EL MIRADOR

La inmovilidad puede ser una técnica, pero es dudoso que sea lo que requiere el momento. Política y ética deben hacerse compatibles para la ciudadanía. 
 
Antonio Martín beaumont

El Semanal Digital - 5 de octubre de 2014  

La sabiduría popular ha acuñado una frase que los ciudadanos repiten con cada nuevo escándalo, tal vez para evidenciar su distanciamiento de la clase política: "En cualquier otro sitio, ése ya hubiera dimitido".

Lógico: la sociedad pone el grito en el cielo ante el uso patrimonial de los privilegios del poder por parte de partidos, sindicatos y patronales.

Seguramente nada mejor que el caso de las "tarjetas negras" de Caja Madrid representa estos días el abuso que ahonda en el desprestigio del régimen surgido de la Transición. Gasolina para Podemos.

Todos sin excepción -aquí da igual el color- han demostrado ser inmoralmente insaciables.

Más de 15 millones de euros en manos de los 86 consejeros para gastar con libertad en comilonas, compras en almacenes, desplazamientos y, claro está, llenando sus bolsillos de mucho cash.

Visto el éxito de su labor -la entidad fue rescatada con 24.000 millones-, deberían devolver incluso lo que hayan percibido legalmente por unas funciones de control que en rigor jamás ejercieron.

Con todo, esa barra libre no parece haber inmutado la tranquilidad habitual de Mariano Rajoy.

Ante un escándalo de tal gravedad, el presidente del Gobierno parece considerar que todo puede seguir como si tal cosa. O sea: que, al final, esto también pasará.

De tal actitud (¡ojo!, más allá de grandes manifiestos retóricos) cabe extraer una conclusión amarga e inevitable: la incapacidad de dar un puñetazo en la mesa en un asunto donde los representantes del PP –que son la mayoría-- han sido pillados con las manos manchadas utilizando dinero público para el medro personal.

Rajoy mantiene desde su desembarco al frente del centro-derecha un peculiar sentido del riesgo. Porque no basta ya con que Luis de Guindos o Cristóbal Montoro se muestren asqueados. No. Es necesario que el jefe del Ejecutivo y presidente del PP traslade a la hastiada ciudadanía la imagen decidida y valiente de una limpieza en sus filas.

¿Cómo, si no, se va a apartar de la "gente corriente" la imagen de que todos son iguales?

En ese listado de tarjetas opacas hay nombres que no pueden pasar desapercibidos a cualquiera que conozca a los genoveses: personas que trabajan y han trabajado en el partido, otras que durante años se han beneficiado de estar a la sombra de su cuartel general y que aún lo siguen haciendo hoy... Familias populares, "insaciables" a la hora de hacer negocios aupados en su "amor a la ideología", han quedado bien retratadas.

Nadie le pide a Mariano Rajoy que vuele el fuerte. Claro. Pero sí que demuestre que su Gobierno y el PP son capaces de reaccionar frente a los corruptos para desatrancar la sensación generalizada de que aquí no se "pilla" a más políticos porque la policía no interviene más teléfonos.

Sin embargo, a la hora de la verdad, Mariano Rajoy ofrece una prudencia mansa. Tolera en demasía personajes y situaciones raramente sospechosos. Peor aún: comete el peligroso error de transmitir que está tapando la olla podrida.

Ya ocurrió en el caso de su tesorero, Luis Bárcenas. Y ocurre ahora mismo, por poner un sonoro ejemplo, con la alcaldesa de Alicante, la dos veces imputada por corrupción Sonia Castedo.

Cada día que pasa sin que la dirección nacional del PP fuerce la dimisión de Castedo o pida a sus concejales que le retiren la confianza, es un día perdido para Rajoy y para el Partido Popular.

¿Hay alguien en el PP dispuesto a enarbolar la bandera de la ética?

Pues resulta difícil creerlo al ver el doble salto mortal de Alberto Ruiz-Gallardón desde el Ministerio al chiringuito autonómico por 8.500 euros de por vida. Por cierto, no he oído a nadie en Génova 13 alzar su voz.

No me cabe duda de que hay miles de personas en la política por vocación de servicio a los demás. Seguro. Pero ya no basta con serlo, hay también que parecerlo. Porque a esta altura de la desvergüenza, cuando a todos les han puesto ya la cara roja por la calle, quien calla otorga.